Los medicamentos conocidos como agonistas del receptor GLP-1 han ganado popularidad por sus resultados en el control de la diabetes tipo 2 y la obesidad. Sin embargo, investigaciones recientes analizan si sus beneficios podrían ir más allá de la pérdida de peso y contribuir a reducir el riesgo de desarrollar ciertos tipos de cáncer.
El GLP-1 es una hormona que el intestino libera naturalmente después de comer. Ayuda al páncreas a producir insulina, disminuye la liberación de glucagón, retrasa la digestión y envía al cerebro señales de saciedad. Los medicamentos de esta familia imitan esos efectos, por lo que permiten controlar los niveles de azúcar en la sangre y reducir el apetito.
Entre los fármacos más conocidos se encuentran la semaglutida, presente en medicamentos como Ozempic y Rybelsus; la liraglutida, utilizada en Victoza; la dulaglutida, comercializada como Trulicity, y la exenatida. También existe la tirzepatida, un medicamento que actúa sobre dos receptores relacionados con el control metabólico.
INVESTIGAN SU RELACIÓN CON EL CÁNCER
Estudios presentados durante el Simposio de Cánceres Gastrointestinales de la Sociedad Estadounidense de Oncología Clínica de 2026 encontraron una posible reducción del riesgo de cáncer colorrectal entre pacientes que utilizaban medicamentos GLP-1.
Los especialistas investigan si este efecto también podría observarse en otros cánceres vinculados con la obesidad, entre ellos los de hígado, páncreas, vesícula biliar, esófago, ovario y endometrio.
El exceso de peso corporal está relacionado con un mayor riesgo de desarrollar al menos 13 tipos de cáncer. Por esta razón, inicialmente se consideró que la posible protección de estos medicamentos podría deberse principalmente a la pérdida de peso.
No obstante, una investigación publicada en 2025 encontró un menor riesgo de cáncer entre usuarios de GLP-1 en comparación con pacientes sometidos a cirugía bariátrica, incluso cuando estos últimos habían perdido más peso. Este resultado plantea la posibilidad de que los medicamentos tengan otros efectos protectores, aunque todavía se necesitan estudios más amplios para confirmarlo.
Entre las explicaciones analizadas se encuentra su capacidad para disminuir los niveles de glucosa e insulina que las células cancerosas pueden utilizar para crecer. También se estudian sus efectos contra la inflamación crónica y la posibilidad de que ayuden al sistema inmunitario a identificar células anormales antes de la formación de un tumor.
NO SON MEDICAMENTOS PARA PREVENIR EL CÁNCER
A pesar de estos resultados, los GLP-1 no están aprobados para prevenir ni tratar el cáncer. Actualmente, sus principales indicaciones son el control de la diabetes tipo 2 y, en determinados casos, el tratamiento del sobrepeso y la obesidad.
La evidencia sobre su posible efecto anticancerígeno continúa siendo preliminar. Parte de la información disponible procede de investigaciones de laboratorio o estudios realizados con animales, cuyos resultados no siempre se reproducen de la misma manera en seres humanos.
También falta conocer cuánto tiempo durarían estos posibles beneficios y qué sucede después de suspender el medicamento. Al mismo tiempo, se continúa estudiando si existe alguna relación con el desarrollo de determinados tumores, incluido el cáncer medular de tiroides.
BENEFICIOS Y POSIBLES EFECTOS SECUNDARIOS
Además de controlar la glucosa y favorecer la pérdida de peso, algunos estudios relacionan estos medicamentos con mejoras en la presión arterial, los niveles de grasas en la sangre y la enfermedad del hígado graso. También podrían disminuir ciertos riesgos cardiovasculares y renales.
Sin embargo, no están libres de efectos secundarios. Los más frecuentes son náuseas, vómito, diarrea, indigestión y pérdida del apetito, especialmente al comenzar el tratamiento o aumentar la dosis.
En casos menos comunes pueden presentarse pancreatitis, problemas en la vesícula, lesión renal, gastroparesia, obstrucción intestinal o empeoramiento de la retinopatía diabética. La pérdida de masa muscular también representa una preocupación cuando el tratamiento se utiliza durante periodos prolongados.
Estos medicamentos no se consideran seguros durante el embarazo. Además, cuando se combinan con insulina u otros tratamientos para reducir la glucosa, pueden aumentar el riesgo de hipoglucemia.
Los expertos recalcan que los agonistas del GLP-1 no sustituyen una alimentación equilibrada, la actividad física ni el seguimiento médico. Tampoco deben utilizarse únicamente con la intención de adelgazar o prevenir el cáncer.
Aunque los hallazgos abren una posibilidad importante para la medicina, todavía será necesario realizar estudios clínicos de mayor duración. Por ahora, cualquier tratamiento con GLP-1 debe ser indicado y supervisado por un profesional de la salud, considerando las condiciones y necesidades particulares de cada paciente.
