La Reserva Federal de Estados Unidos decidió elevar su tasa de interés de referencia por primera vez desde 2023, en un intento por controlar la inflación y recuperar la confianza de los mercados financieros. Sin embargo, la medida también generó preocupación por sus posibles consecuencias para el crecimiento económico y el mercado laboral.
El banco central tomó la decisión en medio del aumento de los rendimientos de los bonos del Tesoro, el encarecimiento de la energía y las dudas de los inversionistas sobre la capacidad de la institución para mantener los precios bajo control.
Durante los últimos cinco años, los consumidores estadounidenses han enfrentado una inflación persistente que ha elevado el costo de alimentos, vivienda, transporte y otros servicios. Aunque el aumento de las tasas puede ayudar a reducir el consumo y moderar los precios, también encarece los préstamos, las hipotecas y el financiamiento de las empresas.
La principal preocupación es que las tasas más altas terminen desacelerando la economía y provocando una reducción en la contratación de trabajadores. El riesgo es mayor debido a que buena parte de las presiones inflacionarias actuales no procede de una demanda excesiva, sino del aumento en los precios del petróleo y los combustibles.
La guerra con Irán, las dificultades para el transporte energético a través del estrecho de Ormuz y los ataques contra refinerías rusas han contribuido al incremento de los costos. El petróleo llegó a superar los 100 dólares por barril, generando nuevas presiones sobre los precios internacionales.
Economistas de Goldman Sachs calificaron como débiles los argumentos para aumentar las tasas. De acuerdo con su análisis, la economía estadounidense no presenta señales claras de sobrecalentamiento y las alteraciones que impulsan la inflación podrían disminuir cuando se estabilice el suministro energético.
La Reserva Federal tiene una capacidad limitada para responder a este tipo de problemas, debido a que una subida de tasas no puede producir más petróleo ni reducir directamente el precio de los combustibles. Si los costos de la energía disminuyen por sí solos, el banco central podría encontrarse con tasas demasiado elevadas para las condiciones económicas del país.
Michael Pearce, economista jefe para Estados Unidos de Oxford Economics, advirtió que la economía todavía cuenta con la fortaleza necesaria para soportar algunos incrementos. No obstante, señaló que mantener altos los costos del crédito podría comenzar a debilitar el empleo.
El presidente de la Reserva Federal, Kevin Warsh, defendió la decisión y afirmó que recuperar la estabilidad de los precios permitirá mantener un crecimiento económico sostenible. También aseguró que la intención del banco central no es perjudicar a los trabajadores para alcanzar sus objetivos.
El mercado de bonos, sin embargo, habría desempeñado un papel importante. Ante el temor de que la inflación continuara aumentando, los inversionistas exigieron mayores rendimientos para adquirir bonos del Tesoro. El rendimiento del bono a 10 años alcanzó el martes su nivel más alto en 19 años, aumentando la presión sobre la institución.
Especialistas consideraron que la Reserva Federal quedó prácticamente acorralada. Si no elevaba las tasas, los rendimientos de los bonos podían aumentar todavía más y provocar un mayor encarecimiento del crédito para consumidores, empresas y el propio Gobierno.
Warsh negó que la decisión fuera una respuesta directa al comportamiento del mercado. Aseguró que estuvo basada en la evolución del empleo, la inflación y la solidez general de la economía estadounidense.
Ahora, la Reserva Federal deberá comprobar si su estrategia logra contener los precios sin provocar una fuerte desaceleración. Si la inflación energética comienza a disminuir, pero las tasas permanecen elevadas, la medida podría convertirse en un obstáculo para el crecimiento y aumentar el riesgo de pérdida de empleos.
