Estados UnidosInternacional

Aranceles de Trump provocan boicot canadiense: estantes vacíos y turismo en picada

Nueva York – 15 de octubre de 2025. La escalada de tensiones comerciales entre Estados Unidos y Canadá, impulsada por los aranceles impuestos por el presidente Donald Trump y sus controvertidas declaraciones sobre anexar al vecino del norte como el “estado 51”, ha desencadenado un boicot espontáneo que golpea duramente a sectores clave de la economía estadounidense. Desde prohibiciones a bebidas espirituosas importadas hasta una drástica caída en el turismo, las repercusiones cruzan la frontera y dejan a empresarios como meros espectadores de una disputa geopolítica que no eligieron.

A inicios de 2025, Gareth Moore, CEO de Virginia Distillery, anticipaba un boom en las exportaciones de whisky de malta estadounidense a Canadá, con planes para triplicar el negocio. Sin embargo, la realidad fue opuesta: las ventas se desplomaron a cero. “Fue casi como si de repente el whisky no supiera bien debido a su origen”, relató Moore en una entrevista telefónica. Autoridades provinciales canadienses respondieron con prohibiciones a las bebidas espirituosas de EE.UU., vigentes aún en varias regiones, dejando estantes vacíos en licorerías de ciudades como Vancouver, donde carteles de “Compre canadiense” se multiplican desde marzo.

Virginia Distillery no está sola en esta vorágine. “Todo esto se debe a una situación desagradable de la que no formamos parte”, lamentó Moore. “No nos dedicamos a la política. Solo somos unos tipos en Virginia que elaboramos buen whisky. Pero, por desgracia, somos las víctimas”. Según el Consejo de Bebidas Espirituosas Destiladas de Estados Unidos (DISCUS), las exportaciones de licores estadounidenses a Canadá cayeron un 85% en el segundo trimestre de este año, un colapso atribuido directamente a las represalias por los aranceles trumpianos.

El éxodo de turistas canadienses: un golpe al corazón del ocio estadounidense

El impacto trasciende las botellas: el flujo de visitantes canadienses a EE.UU. se ha evaporado, afectando a resorts, ferries y aerolíneas. En un año típico, el 70% de los golfistas en el Bluff Point Golf Resort, en Plattsburgh, Nueva York —a solo 35 minutos de Montreal—, provienen de Canadá. Este 2025, esa cifra es casi nula. “Ha sido una caída drástica. Es muy raro que alguien de Canadá venga a jugar al golf”, confesó Paul Dame, propietario del establecimiento, que ha tenido que recortar horas a empleados y personal de limpieza.

Datos de Statistics Canada revelan la magnitud del fenómeno: los viajes terrestres de canadienses a EE.UU. disminuyeron un 31% hasta septiembre, mientras que los aéreos cayeron un 13%. “Los canadienses simplemente no están contentos. No es una cuestión de política económica. Son estas cosas hirientes que se dicen sobre su país”, explicó Dame, subrayando el peso emocional de las provocaciones de Trump.

Mark Collins, CEO de Clipper Navigation —un servicio de ferry con sede en Seattle—, presenció una caída del 30% en pasajeros entre Vancouver y Seattle. Nacido en Terranova, Collins apuntó al orgullo nacional herido como detonante: “Sin duda, se ha ofendido el orgullo nacional. La gente decía: ‘Bueno, si va a ser así, tengo una opción, y mi opción es no viajar a Estados Unidos’”. La empresa, obligada a reducir programación y despedir al 25% de su plantilla —principalmente trabajadores estadounidenses—, se atrinchera ante un panorama incierto. “No parece que vaya a mejorar pronto”, admitió Collins.

Otro factor agrava la crisis: la percepción de fronteras hostiles. Collins y Geoff Freeman, presidente de la Asociación de Viajes de Estados Unidos, coinciden en que la agresiva aplicación de controles de seguridad por el gobierno de Trump genera temor. “La gente empezó a sentir que cruzar la frontera era arriesgado”, dijo Collins. Freeman agregó: “La percepción es que los viajeros ya no son tan bienvenidos como antes. Lo más importante que puede hacer el Gobierno es enviar el mensaje a los viajeros de todo el mundo de que Estados Unidos está abierto a los negocios con viajeros legales”.

El verdadero termómetro llegará este invierno boreal, cuando destinos como Texas, Florida y Arizona midan si los canadienses, vitales para su industria turística, regresan pese a la tormenta diplomática.

Lecciones de un mercado volátil

Jeff Quint, fundador de Cedar Ridge Distillery en Swisher, Iowa, sabe bien de estos vaivenes. Durante el primer mandato de Trump, abandonó el mercado europeo por aranceles similares; se volcó a Canadá, invirtiendo años en envíos a Ontario y otras provincias. Ahora, con las prohibiciones, debe replegarse de nuevo. “Es detestable invertir en un mercado durante dos o tres años y luego tener que retirarse”, se quejó Quint.

A pesar de la turbulencia, hay un atisbo de distensión. La semana pasada, en la Oficina Oval, Trump se reunió con el primer ministro canadiense Mark Carney, bromeando sobre una “fusión” bilateral pero elogiándolo como un “líder de talla mundial”. Carney, quien asumió el cargo en marzo tras la renuncia de Justin Trudeau, ha prometido defender la soberanía canadiense frente a las presiones comerciales de Washington.

Quint, optimista cauto, espera claridad pronto: “Estos aranceles crean un nivel de incertidumbre paralizante. Solo queremos saber cuáles son las reglas. Este largo período de inestabilidad no es bueno para nadie”. Mientras tanto, la frontera —la más larga sin defensas del mundo— se siente más divisoria que nunca, recordando que las palabras presidenciales pueden vaciar estantes y bolsillos con igual rapidez.

Imágen cortesía: CNN

Related posts

AVIÓN DE LA SEMAR SE ACCIDENTA EN GALVESTON, TEXAS; HAY CUATRO SOBREVIVIENTES Y DOS FALLECIDOS

Gustavo Palafox

Gobierno de Trump triplica a $3,000 el incentivo para inmigrantes indocumentados que se autodeporten antes de fin de año

Ivan Medina

Trump ordena bloqueo total a petroleros sancionados que entran y salen de Venezuela

Ivan Medina