Washington, 6 de enero de 2026 — El Departamento de Salud y Servicios Humanos (HHS) de Estados Unidos anunció una revisión significativa del calendario de inmunización infantil, reduciendo de 17 a 11 el número de enfermedades para las que se recomienda la vacunación rutinaria a todos los niños.
El cambio, impulsado por el secretario de Salud Robert F. Kennedy Jr. y en respuesta a una directiva del presidente Donald Trump, traslada varias vacunas —incluidas las contra la influenza estacional, la hepatitis A, la hepatitis B, la enfermedad meningocócica y el rotavirus— a categorías de recomendación más restringidas: ya sea para grupos de alto riesgo o bajo “toma de decisiones clínicas compartidas” entre padres, tutores y médicos.
Según el HHS y los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC), el nuevo esquema mantiene como recomendación universal las vacunas contra sarampión, paperas, rubéola, polio, difteria, tétanos, tosferina, Haemophilus influenzae tipo b (Hib), enfermedad neumocócica, virus del papiloma humano (VPH) —este último ahora con una sola dosis en lugar de dos— y varicela (chickenpox). Las autoridades enfatizaron que el ajuste busca alinear el calendario estadounidense con prácticas de países desarrollados como Dinamarca, fortalecer la transparencia y promover el consentimiento informado.
El funcionario destacó que todas las vacunas previamente recomendadas seguirán disponibles y cubiertas por los seguros médicos, incluyendo planes del Affordable Care Act, Medicaid y el programa Vaccines for Children, al menos hasta finales de 2026.
La decisión generó inmediata controversia en la comunidad médica. La Academia Estadounidense de Pediatría (AAP) rechazó la medida, calificándola de “peligrosa e innecesaria”. Su presidente, Andrew Racine, advirtió que la eliminación de recomendaciones universales para vacunas que previenen enfermedades graves podría aumentar la confusión, erosionar la confianza en las inmunizaciones y derivar en más hospitalizaciones y muertes prevenibles entre niños.
Expertos en salud pública, como el epidemiólogo Michael Osterholm, han calificado el cambio como “radical y peligroso”, argumentando que se realizó sin el proceso habitual de consulta pública ni revisión por el Comité Asesor sobre Prácticas de Inmunización (ACIP) en su formato tradicional. Señalan que enfermedades como la influenza (que causó cientos de muertes pediátricas en temporadas recientes), la hepatitis B (que puede derivar en cáncer de hígado crónico) y la meningocócica (principal causa de meningitis bacteriana grave) han sido controladas precisamente gracias a la vacunación universal.
El HHS sostiene que el ajuste responde a una revisión exhaustiva de evidencias y a la necesidad de restaurar la confianza pública en las instituciones sanitarias, aunque críticos advierten que podría incrementar el riesgo de brotes de enfermedades prevenibles en un contexto de ya bajos índices de vacunación en algunos grupos.
Las autoridades sanitarias insisten en que los padres y médicos deben evaluar caso por caso los riesgos y beneficios, mientras que organizaciones pediátricas instan a seguir recomendando el esquema previo más amplio para proteger la salud infantil. El impacto real en las tasas de vacunación y en la incidencia de enfermedades se monitoreará en los próximos meses.
Imágen cortesía: Excélsior
