El cierre temporal del espacio aéreo en la ciudad fronteriza de El Paso, Texas, habría sido provocado por pruebas militares de un sistema láser antidrones y no por una incursión de aparatos vinculados al narcotráfico, como se informó inicialmente desde el Gobierno federal, de acuerdo con filtraciones difundidas por medios estadounidenses.
La medida, que sorprendió a autoridades locales y a la comunidad, se aplicó la noche del martes bajo el argumento de “razones especiales de seguridad”, según un aviso emitido por la Administración Federal de Aviación (FAA). La restricción comenzó a las 23:30 horas y estaba prevista hasta el 20 de febrero; sin embargo, fue levantada apenas unas horas después, este miércoles.
En un primer momento, el secretario de Transporte, Sean Duffy, aseguró que el Pentágono y la FAA habían “neutralizado” una incursión de drones presuntamente operados por un cártel mexicano. No obstante, reportes posteriores señalan que el Departamento de Defensa realizaba pruebas de un láser antidrones en las inmediaciones de la base militar de Fort Bliss y que dichas maniobras no fueron notificadas previamente ni a la FAA ni a las autoridades municipales.
El alcalde de El Paso, Renard Johnson, criticó con dureza la decisión federal. En conferencia de prensa, calificó el cierre como “innecesario” y acusó que generó “caos y confusión” en la comunidad. “No se puede restringir el espacio aéreo sin coordinación con la ciudad; es inaceptable”, expresó.
En la misma línea, el jefe de policía, Pete Pacillas, aseguró que la corporación no ha recibido información oficial que confirme una incursión de drones vinculada a organizaciones criminales. “Hemos escuchado ese rumor, pero no se nos ha presentado ninguna determinación formal sobre las razones del cierre”, puntualizó, al tiempo que evitó especular.
La restricción abarcó un radio de aproximadamente 16 kilómetros alrededor de El Paso y la comunidad vecina de Santa Teresa, en Nuevo México, afectando operaciones aéreas en una de las zonas más sensibles de la frontera entre Estados Unidos y México.
El episodio ocurre en un contexto de creciente tensión bilateral, marcado por las reiteradas amenazas del presidente Donald Trump sobre posibles acciones directas contra cárteles mexicanos, recientemente catalogados por Washington como organizaciones terroristas.
Mientras tanto, persisten interrogantes sobre la coordinación entre agencias federales y el impacto que decisiones de seguridad nacional pueden tener en comunidades fronterizas que, esta vez, quedaron en medio de versiones encontradas.
