17 de febrero de 2026
Cada vez más padres expresan inquietud por el uso extendido de tabletas y dispositivos digitales en las aulas, temiendo que estos interfieran negativamente en el rendimiento académico de sus hijos. El principal temor radica en que las pantallas estén afectando la capacidad de atención sostenida de los alumnos, como indican diversos estudios, lo que podría llevar a una menor concentración y resultados escolares más bajos.
Algunos informes y análisis educativos señalan que el exceso de tiempo frente a pantallas en entornos escolares se asocia con distracciones frecuentes, menor retención de información y dificultades para mantener el foco en tareas complejas. En varios contextos, se ha observado que el uso intensivo de dispositivos digitales correlaciona con calificaciones inferiores en materias como matemáticas y lectura, además de una percepción de menor memoria y mayor lentitud para resolver problemas.
Ante esta situación, crece la solicitud de regresar a métodos educativos más tradicionales, como el uso predominante de libros, cuadernos y enseñanza directa, que fomenten una atención más profunda y un aprendizaje menos fragmentado. Expertos en educación y desarrollo infantil recomiendan buscar un equilibrio: incorporar la tecnología de manera moderada y supervisada, priorizando su uso para fines específicos y educativos, en lugar de permitir un acceso ilimitado que pueda derivar en distracciones recreativas.
Padres y educadores coinciden en la necesidad de monitorear el tiempo de pantalla tanto en la escuela como en casa, promoviendo actividades que fortalezcan la concentración, la lectura profunda y la interacción social. Mientras el debate continúa, muchos abogan por políticas escolares que regulen mejor estos dispositivos para proteger el desarrollo cognitivo de los niños en etapas clave de su formación.
Imágen cortesía: Unir
