Caracas, 5 de enero de 2026 — La vicepresidenta ejecutiva Delcy Rodríguez se convirtió en la presidenta encargada de Venezuela luego de que el Tribunal Supremo de Justicia ordenara su designación inmediata, tras la captura del presidente Nicolás Maduro durante el operativo militar estadounidense del 3 de enero.
De acuerdo con la Constitución venezolana (artículo 233), la vicepresidenta asume las funciones presidenciales en casos de ausencia temporal o forzosa del mandatario. El máximo tribunal interpretó la detención de Maduro —calificada por el gobierno como un “secuestro” y agresión extranjera— como una situación excepcional que obliga a garantizar la continuidad administrativa y la defensa de la soberanía nacional.
Rodríguez, de 56 años y abogada egresada de la Universidad Central de Venezuela, es una figura clave del chavismo con más de dos décadas de trayectoria política. Inició su ascenso durante el gobierno de Hugo Chávez, donde ocupó cargos como coordinadora general de la Vicepresidencia y ministra del Despacho de la Presidencia en 2006. Bajo la administración de Maduro, desempeñó roles estratégicos: ministra de Comunicación e Información (2013-2014), canciller de la República (2014-2017) —siendo la primera mujer en ese puesto—, presidenta de la Asamblea Nacional Constituyente (2017-2018) y vicepresidenta ejecutiva desde junio de 2018. También ha dirigido áreas como el Ministerio del Petróleo en períodos recientes.
Hija del fundador de la Liga Socialista Jorge Antonio Rodríguez —fallecido en custodia policial en 1976—, y hermana del actual presidente de la Asamblea Nacional, Jorge Rodríguez, Delcy ha sido descrita como una operadora política leal y de “plena confianza” del expresidente Maduro, a quien ha defendido públicamente como “el único presidente de Venezuela”. En sus primeras declaraciones tras los hechos, exigió la liberación inmediata de Maduro y su esposa Cilia Flores, reprobó la intervención extranjera y llamó a la unidad nacional.
En las últimas horas, Rodríguez ha liderado reuniones del Consejo de Ministros y activado comisiones de alto nivel para gestionar la crisis, incluyendo una dedicada a la liberación del exmandatario. Además, ha expresado disposición a una relación “equilibrada y respetuosa” con Estados Unidos, proponiendo una agenda de cooperación orientada al desarrollo compartido, en medio de un escenario de incertidumbre sobre el futuro político del país.
Su designación la convierte en la primera mujer en encabezar el Ejecutivo venezolano, aunque de manera interina (hasta 90 días prorrogables). Analistas destacan su capacidad para dialogar con sectores económicos y militares, mientras que su rol genera divisiones: algunos gobiernos la reconocen como líder temporal, otros —como Panamá— rechazan su legitimidad y abogan por una transición hacia la oposición.
La situación en Caracas permanece tensa, con llamados a movilizaciones tanto del oficialismo como de sectores opositores, en un contexto de sanciones internacionales previas contra Rodríguez por su participación en procesos cuestionados como la Asamblea Constituyente. Su gestión inicial se centra en preservar la gobernabilidad y responder a la presión externa, mientras el país enfrenta un vacío de poder y expectativas de cambios profundos.
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