La posibilidad que durante años permitió a los migrantes indocumentados desplazarse en vuelos nacionales llegó a su fin bajo el Gobierno de Donald Trump. Una nueva directriz del Departamento de Seguridad Nacional (DHS) ordena a sus agentes detenerlos en los aeropuertos, eliminando una de las pocas formas de viajar sin el riesgo de cruzar una frontera internacional. Durante años, esos vuelos fueron una alternativa relativamente segura para visitar a sus familias, trabajar, estudiar o simplemente conocer otros rincones del territorio. Esa realidad ha cambiado. La medida se suma a la campaña de deportaciones a gran escala impulsada por la Casa Blanca y a una estrategia orientada a intensificar la presión sobre los migrantes hasta empujarlos a volver a sus comunidades de origen por voluntad propia.
En un comunicado, el DHS confirmó que ha revocado una política “que permitía a los extranjeros que se encuentran ilegalmente en nuestro país desplazarse en avión por el territorio nacional”. La dependencia calificó de “nefasta” esa práctica y la atribuyó a la gestión del presidente Joe Biden (2021-2025), aunque fue algo que también fue tolerado durante administraciones republicanas pasadas. “Esta administración trabaja diligentemente para garantizar que los extranjeros que se encuentran ilegalmente en nuestro país ya no puedan volar, a menos que sea para salir del país y ‘autodeportarse’”, advierte la declaración.
Esta agencia, sin embargo, no ha revelado cuándo entró en vigor la nueva directriz, cuántas personas han sido detenidas ni en qué aeropuertos se está aplicando. Administradores y cuerpos policiales de algunos de los aeropuertos más grandes, incluidos los de Los Ángeles, Nueva York y Chicago, declinaron hacer comentarios al respecto.
Más de 25 personas de más de una docena de países fueron detenidas recientemente en aeropuertos, desde California hasta Virginia, como parte de la nueva medida. Agentes migratorios vestidos de civil han interceptado a migrantes mientras realizaban los trámites de documentación previos al vuelo o cuando esperaban en las salas de abordar en al menos 15 aeropuertos.
Uno de esos casos es el de la ecuatoriana Chantal Alejandra Morales Rojas, de 27 años, quien fue detenida el 20 de julio por agentes federales vestidos de civil momentos antes de abordar un vuelo de Southwest Airlines en el aeropuerto de Denver, Colorado. La sudamericana volvía a su casa en Oakland, California. “¡ICE está aquí! ¡Ayúdenos!”, se escucha gritar a una mujer que pidió la ayuda de otros pasajeros. Nadie intervino.
Morales Rojas fue puesta bajo custodia del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE). Su abogado indicó que ella había ingresado legalmente con una visa y que había presentado una solicitud para permanecer. El DHS, en cambio, afirmó que la joven “sobrepasó el tiempo de estadía de su visa” y que, por esa razón, quedó sujeta a un proceso de deportación. Este jueves, ella fue liberada tras pagar una fianza.
Entre las personas que ahora están en la mira del ICE se encuentran miles de personas como Rojas, cuya situación se encuentra en una zona de incertidumbre legal: son extranjeros que esperan una extensión de su estatus migratorio, la aprobación de una residencia permanente o de otro trámite que les permita permanecer. Antes no eran prioridades de detención, pero ahora están en la lista negra para cumplir la meta de 2.000 detenciones migratorias diarias que se ha fijado la Administración de Trump.
El vietnamita Phu Nguyen fue interceptado por dos agentes migratorios vestidos de civil el pasado 13 de julio en el aeropuerto Harry Reid de Las Vegas, Nevada. Un video del incidente lo muestra tendido en el suelo mientras uno de los oficiales lo inmoviliza y lanza un manotazo contra la persona que grababa la escena con un teléfono celular. De acuerdo con las autoridades, los agentes optaron por retirarse para evitar que creciera la tensión entre los pasajeros. Sin embargo, Nguyen, cuya visa había expirado en 2015, fue detenido al día siguiente cuando llegó al aeropuerto de Los Ángeles, California. Días después, una mujer ucraniana fue arrestada en circunstancias similares en el aeropuerto internacional de San Francisco, también por encontrarse con una visa que venció en 2011. Al menos 11 migrantes que viven en esa zona de California han sido detenidos en terminales aéreas durante los últimos días.
“Las autoridades migratorias están buscando las tácticas que requieren menos recursos para efectuar arrestos. Entrar a un aeropuerto es como meterse en su telaraña: el ICE tiene presencia en todos los aeropuertos”, explicó el abogado de inmigración Alex Gálvez. El jurista compara estos operativos con las detenciones “controladas” que la agencia ha realizado en tribunales, oficinas migratorias y otros lugares donde las autoridades federales saben que resulta más sencillo localizar y arrestar a migrantes indocumentados. Saben con precisión a qué hora llegará la persona que buscan detener, a diferencia de un operativo frente a su vivienda, donde la incertidumbre es mayor y el despliegue exige más tiempo, personal y recursos.
Estos operativos en las terminales aéreas son atribuidos a una ampliación de la colaboración entre el ICE y la Administración de Seguridad en el Transporte (TSA), la agencia creada tras los atentados del 11 de septiembre de 2001 para reforzar los controles en los aeropuertos. Esa cooperación se hizo visible en marzo, cuando decenas de agentes del ICE fueron desplegados en más de una docena de aeropuertos. Su presencia respondió a la escasez de personal de la TSA, provocada por el cierre parcial del Gobierno federal tras el estancamiento de las negociaciones presupuestarias en el Congreso.
Otro ejemplo de ese trabajo estrecho entre ambas entidades son los más de 800 detenidos que terminaron bajo custodia del ICE gracias a información que la TSA le suministró.
“La gente no sabe que cuando compra un boleto de avión es como si le enviara un mensaje de texto al ICE con su nombre, su fecha de nacimiento y prácticamente le pidiera que rastree su información para confirmar su estatus migratorio”, sostiene Gálvez. El abogado lleva desde el año pasado advirtiendo a los migrantes sobre los riesgos de ingresar a un aeropuerto: “Si son indocumentados y planean viajar en avión, es muy peligroso. Es casi entregarse a la boca del lobo”.
Imágen cortesía: JAMES CARBONE (NEWSDAY VIA GETTY IMAGES)
