Washington, 7 de enero de 2026. En una operación coordinada de alto impacto, fuerzas militares y de la Guardia Costera de Estados Unidos abordaron y capturaron dos petroleros sancionados vinculados a Venezuela, uno en el Atlántico Norte y otro en el Mar Caribe, como parte de un esfuerzo continuo por hacer cumplir las sanciones impuestas al comercio de crudo de ese país y sus aliados.
El primero de los buques, identificado como el Bella 1, fue interceptado en el Atlántico Norte tras una persecución que se prolongó por más de dos semanas. La embarcación, rebautizada como Marinera y registrada bajo bandera rusa en un intento de evadir la acción estadounidense, había desafiado anteriormente a la Guardia Costera y cambiado de identidad mientras navegaba para evitar ser capturada.
En una maniobra internacional inusual, el Bella 1 fue finalmente abordado sin resistencia cerca de aguas entre Escocia e Islandia, poniendo fin a un operativo que había llamado la atención de agencias de inteligencia y fuerzas navales de distintos países.
Simultáneamente, otro petrolero sancionado, el M/T Sophia, fue interceptado en aguas internacionales cercanas al Caribe. Según las autoridades de Washington, este buque también había estado atracado en Venezuela o se dirigía hacia ese país tras transportar crudo en violación de las sanciones.
Los oficiales estadounidenses resaltaron que no se registró resistencia por parte de las tripulaciones en ninguno de los abordajes y que ambos buques están siendo escoltados por fuerzas de la Guardia Costera para su posterior transferencia a las autoridades competentes.
Estos operativos se enmarcan en una campaña más amplia de Estados Unidos para contrarrestar lo que llama una “flota fantasma” de buques que intentan eludir sanciones internacionales mediante reflagging, cambios de nombre y rutas evasivas.
La acción ha generado reacciones internacionales, especialmente de Rusia, que calificó la incautación del Bella 1 —un buque bajo su pabellón registrado— como una violación del derecho marítimo internacional, apelando a convenciones navales que protegen a las embarcaciones bajo bandera soberana.
Analistas señalan que estas detenciones —coincidiendo con otros movimientos estratégicos recientes de Washington en la región— reflejan una intensificación de la presión estadounidense sobre las rutas de exportación petrolera de Venezuela y sus aliados, en medio de un clima geopolítico cada vez más tenso.
