18 de febrero de 2026
La secretaria del Departamento de Seguridad Nacional (DHS), Kristi Noem, enfrenta crecientes críticas internas por decisiones que, según múltiples fuentes consultadas, han priorizado recursos de la Guardia Costera para cumplir con la agenda de deportaciones masivas de la administración Trump, en detrimento de misiones tradicionales como búsqueda y rescate.
Funcionarios estadounidenses, un miembro activo de la Guardia Costera y un exintegrante de la institución coinciden en que las tensiones comenzaron prácticamente desde el inicio del mandato de Noem y se han agravado en los últimos meses.
Uno de los episodios más señalados ocurrió el 4 de febrero de 2025, días después de su confirmación en el cargo. Tras la desaparición de un guardacostas de 23 años que cayó al océano Pacífico desde el buque Waesche, la Guardia Costera desplegó una operación de búsqueda que involucraba barcos y varias aeronaves, incluido un C-130. Horas después, Noem ordenó verbalmente al Comandante Interino, almirante Kevin Lunday, retirar ese avión de la misión de rescate para reasignarlo al traslado de inmigrantes detenidos de California a Texas, dentro de las denominadas Operaciones de Expulsión de Extranjeros.
Aunque el comando regional logró sustituir rápidamente el C-130 con dos aviones C-27 para cubrir el vuelo migratorio —permitiendo que el Hercules regresara a la búsqueda tras cerca de una hora—, el incidente generó un fuerte malestar entre oficiales de la Guardia Costera. La operación de rescate se extendió por 190 horas y abarcó 19.000 millas cuadradas sin encontrar al guardacostas.
En los meses posteriores, el uso de aeronaves de la Guardia Costera para deportaciones se multiplicó por diez, según datos recopilados por ICE Flight Monitor, una organización independiente que monitorea estos vuelos. Más de 750 misiones regulares —patrullas marítimas, búsqueda y rescate, operaciones antinarcóticos y entrenamiento— han sido redirigidas hacia el transporte de inmigrantes a centros de deportación. Los vuelos con detenidos pasaron de 14 en junio a 149 en noviembre del año pasado.
Directrices recientes en la Estación Aérea de Sacramento, principal base para estos traslados, establecen el transporte de inmigrantes en aviones C-27 como prioridad principal, lo que ha reducido el tiempo y los recursos disponibles para búsqueda y rescate, considerada históricamente la misión central de la institución.
“La misión principal era la búsqueda y el rescate. Ahora la principal misión declarada es la seguridad fronteriza; ese es un cambio cultural que aún no se ha adaptado”, explicó un exfuncionario de la Guardia Costera. Otro describió la moral en el cuartel general como “pésima” y un clima general de “mantén la cabeza baja; no te pongas en la línea de fuego”.
Un portavoz del DHS rechazó de manera tajante las acusaciones. “Eso es ridículo. No se dio tal instrucción. La Guardia Costera siempre está lista para responder a las misiones de búsqueda y rescate, y equilibra cuidadosamente todas las operaciones y los requisitos de la misión”, afirmó en un comunicado. Calificó el reporte como “un esfuerzo politizado del Estado profundo para socavar la agenda de control migratorio del presidente Trump” y destacó que el uso de aviones C-130 y C-27 para transportar migrantes “no es nada nuevo ni inusual”.
Otros episodios han profundizado las fricciones. En mayo, el principal asesor de Noem, Corey Lewandowski, reprendió y amenazó con despedir a personal de vuelo por despegar sin una manta térmica personal de la secretaria a bordo. Además, la adquisición de dos aviones Gulfstream por 170 millones de dólares para reemplazar aeronaves tradicionales ha sido vista por algunos como un gasto innecesario orientado a la comodidad personal.
A pesar del malestar interno, Noem cuenta con el respaldo público del presidente Trump, quien ha elogiado su gestión en el cierre de la frontera, aunque reconoció posibles fallas en “relaciones públicas”. La política de deportaciones masivas continúa siendo el eje central de su gestión en el DHS.
Imágen cortesía: BBC
