A un año exacto de haber regresado a la Casa Blanca como el 47º presidente de Estados Unidos, Donald Trump ha marcado su segundo mandato con una agenda más agresiva, decisiones de alto impacto y una presencia constante en la escena mediática nacional e internacional.
Desde su juramento, el republicano prometió inaugurar una nueva “edad de oro” para el país. Doce meses después, su gestión ha provocado un giro drástico en temas clave como migración, economía, política exterior y orden interno, además de haber generado fuertes repercusiones en el escenario mundial con guerras comerciales, tensiones diplomáticas y acciones militares sin precedentes.
En materia migratoria, una de sus principales banderas de campaña, el gobierno reporta alrededor de 540 mil deportaciones en un año, una cifra récord frente a administraciones anteriores, aunque por debajo de la meta de un millón anunciada por Trump. El endurecimiento de la política migratoria incluyó el refuerzo del ICE, que duplicó su número de agentes, y llevó a niveles históricos la cantidad de migrantes bajo custodia federal.
En el plano económico, la inflación interanual cerró diciembre en 2.7%, menor a la de un año atrás, pero aún por encima del objetivo de la Reserva Federal. El aumento sostenido en los precios de los alimentos mantiene la presión sobre el costo de vida, uno de los principales desafíos del presidente rumbo a las elecciones de medio término de noviembre, en las que enfrenta una desaprobación del 55%, según promedios de encuestas.
El estilo de gobierno de Trump también se reflejó en el uso intensivo del poder ejecutivo: en su primer año firmó 225 órdenes ejecutivas, además de decenas de memorandos y proclamaciones, superando ampliamente a sus antecesores recientes. A ello se suma el lanzamiento de una guerra arancelaria global, con un arancel básico universal del 10% a las importaciones, medida que tensó relaciones con aliados y adversarios por igual.
En política exterior, el presidente asegura haber contribuido a frenar múltiples conflictos armados y se ha proclamado merecedor del Premio Nobel de la Paz, aunque expertos cuestionan la veracidad y el alcance real de esos logros. Al mismo tiempo, decisiones como el despliegue de la Guardia Nacional en cinco ciudades gobernadas por demócratas avivaron la polarización interna y derivaron en choques legales y sociales.
Con un país dividido y un escenario internacional alterado por sus decisiones, Trump entra a su segundo año de mandato con el mismo sello que lo caracteriza: confrontación, protagonismo y una agenda que no pasa inadvertida, mientras se acerca una prueba clave en las urnas que definirá el equilibrio de poder en Washington.
