Venezuela amaneció este 1 de octubre con un ambiente navideño anticipado por orden del presidente Nicolás Maduro, quien volvió a decretar el inicio adelantado de las festividades, en un intento por inyectar “alegría y felicidad” a la población en medio de un escenario marcado por la crisis económica y la tensión militar con Estados Unidos.
Mientras Washington mantiene un despliegue naval cerca de aguas venezolanas bajo el argumento de combatir el narcotráfico, el Gobierno de Maduro lo califica como una amenaza contra la soberanía. En respuesta, Caracas ha convocado a movilizaciones y a un mayor alistamiento en la Milicia, además de emitir un “decreto de conmoción externa” que otorga facultades especiales al Ejecutivo en materia de defensa.
A pesar de este clima, la rutina se mantiene: estudiantes regresan a clases, el comercio abre con normalidad y las calles de Caracas comienzan a llenarse de luces y adornos. Para algunos, como Yuraima Mena, pensionista de 65 años, el adelanto navideño es una forma de desviar la atención de los verdaderos problemas: “El problema económico ha sido la peor amenaza que tenemos, no hay poder adquisitivo”.
La inflación, la depreciación del bolívar y los bajos ingresos continúan siendo la principal preocupación ciudadana. Sin embargo, comerciantes como Alexander Omaña aseguran que la temporada adelantada sí genera mayor movimiento en las calles y dinamiza el consumo.
Entre incertidumbre política, despliegues militares y dificultades económicas, Venezuela vive así una Navidad temprana que combina esperanza, distracción y rutina, mientras la tensión con EE.UU. sigue latente.
