Tras años de restricciones legislativas, la industria de la marihuana medicinal en Texas se encamina a una etapa de expansión, con la entrada de nuevos operadores, la apertura de más instalaciones y un aumento en el número de pacientes inscritos en el programa estatal.
Desde septiembre, el estado implementó la ampliación más significativa del Programa de Uso Compasivo de Texas desde su creación en 2015. La reforma incorporó nuevas enfermedades que califican para el tratamiento, como dolor crónico, enfermedad de Crohn, traumatismo craneoencefálico y padecimientos terminales, además de autorizar mayores concentraciones de THC y nuevos formatos de consumo, como inhaladores recetados. También se amplió el número de distribuidores autorizados, que pasará de tres a quince.
De acuerdo con distribuidores del sector, las modificaciones buscan corregir un modelo que resultaba costoso y poco competitivo frente a productos derivados del cáñamo. Señalan que la flexibilización regulatoria permitirá reducir precios y mejorar el acceso para los pacientes. Datos del Departamento de Seguridad Pública de Texas indican que, a finales de 2025, más de 135 mil pacientes estaban inscritos en el programa, un incremento de 32 por ciento respecto al año previo.
Las empresas actualmente autorizadas —Texas Original, Goodblend y Fluent— ya han comenzado a expandir su infraestructura con centros de almacenamiento y sucursales satélite para agilizar entregas y reducir costos. Algunas, además, ampliaron sus instalaciones de cultivo y desarrollan nuevos productos para atender la creciente demanda.
La expansión también contempla la incorporación de 12 nuevas organizaciones dispensadoras antes del 1 de abril, conforme a la legislación vigente. El proceso de licenciamiento ya inició y varias empresas cuentan con permisos condicionales, a la espera de la autorización final para comenzar operaciones.
Este crecimiento coincide con un cambio relevante a nivel federal, luego de que el presidente Donald Trump firmara una orden ejecutiva para acelerar la reclasificación de la marihuana como sustancia de menor riesgo. Aunque la medida no legaliza su uso recreativo, sí reduce barreras regulatorias y fiscales, lo que podría abrir nuevas oportunidades para la industria medicinal en Texas y en el resto del país.
