Washington, 3 de marzo de 2026 — El cierre de facto del estrecho de Ormuz, provocado por la escalada militar entre Estados Unidos, Israel e Irán, ha generado una fuerte alza en los precios del petróleo y amenaza con impactos significativos en la economía global, al interrumpir el tránsito de alrededor del 20% del suministro mundial de crudo.
El estrecho de Ormuz, un estrecho canal marítimo entre el golfo Pérsico y el golfo de Omán, es uno de los puntos de estrangulamiento más críticos del comercio energético. Por allí transitan diariamente unos 20 millones de barriles de petróleo y productos derivados —equivalentes a cerca del 20% del consumo global de petróleo líquido—, provenientes principalmente de productores como Arabia Saudita, Emiratos Árabes Unidos, Irak, Kuwait y Catar, con destino mayoritario a mercados asiáticos.
Tras los ataques conjuntos de Estados Unidos e Israel contra Irán iniciados el sábado pasado, y la respuesta iraní con misiles y drones, el tráfico de petroleros se ha reducido drásticamente. La Guardia Revolucionaria iraní ha atacado buques en la zona y advertido que no permitirá el paso, lo que ha llevado a navieras y petroleras a suspender operaciones o evitar la ruta por temor a riesgos de seguridad, primas de seguro disparadas y posibles daños a infraestructuras.
Como resultado, en las últimas sesiones de trading, el precio del crudo Brent —referencia internacional— ha subido con fuerza: llegó a aumentar hasta un 13% en un momento, superando temporalmente los 82 dólares por barril, antes de moderarse alrededor de los 77-79 dólares. El West Texas Intermediate (WTI), referencia estadounidense, también registró alzas del orden del 7-8%, cotizando cerca de los 72 dólares por barril. Estos incrementos representan un salto significativo desde niveles previos al conflicto.
Analistas advierten que, si la interrupción se prolonga más allá de unas semanas, los precios podrían superar los 100 dólares por barril, e incluso alcanzar cifras más altas en escenarios extremos, evocando shocks energéticos similares a los de la década de 1970. Una disrupción sostenida limitaría el acceso a la capacidad de producción adicional de la OPEP+ y afectaría no solo al petróleo, sino también al gas natural licuado (GNL), del que alrededor del 20% transita por la misma vía, principalmente desde Catar.
El impacto se extendería a los consumidores: precios más altos de la gasolina y otros combustibles, mayor inflación en bienes y servicios dependientes de la energía, y posibles efectos negativos en el crecimiento económico mundial, especialmente en economías importadoras netas de energía como las de Asia y Europa. En Estados Unidos, donde la gasolina ya enfrenta presiones, el encarecimiento podría traducirse en incrementos notables en las estaciones de servicio en las próximas semanas.
Aunque alternativas como oleoductos terrestres o rutas marítimas más largas existen, su capacidad es limitada y no compensarían rápidamente la pérdida de flujo por Ormuz. Expertos coinciden en que la duración del conflicto y la capacidad de restablecer la seguridad en el estrecho serán determinantes para la magnitud y persistencia de la crisis energética.
La situación refuerza la vulnerabilidad global ante cuellos de botella estratégicos y subraya los riesgos económicos inherentes a la actual confrontación en Oriente Medio.
Imágen cortesía: El País
