Estados Unidos busca convertir a Venezuela en una pieza central de su estrategia para ampliar el suministro energético del hemisferio occidental y reducir la dependencia mundial del petróleo procedente de Medio Oriente.
El planteamiento fue presentado por el secretario del Interior estadounidense, Doug Burgum, durante las reuniones ministeriales de Energía del G20 celebradas esta semana en Houston, Texas.
Burgum destacó el potencial de las reservas venezolanas de petróleo y carbón. Explicó que este último recurso podría destinarse tanto a la exportación como a la generación de electricidad necesaria para reconstruir la deteriorada red nacional del país sudamericano.
Aunque Venezuela no forma parte del G20, fue invitada por el gobierno de Donald Trump a participar en las actividades energéticas. La delegación venezolana está encabezada por la ministra de Hidrocarburos, Paula Henao, y también incluye a representantes de la empresa estatal PDVSA.
La invitación se produce pocas semanas después del nuevo acuerdo petrolero entre Washington y Caracas, mediante el cual se amplió la participación estadounidense en proyectos de explotación de crudo venezolano.
El secretario de Energía, Chris Wright, afirmó recientemente que la producción del país podría más que duplicarse durante los próximos años. Actualmente, Venezuela produce alrededor de 1.1 a 1.2 millones de barriles diarios, una cantidad muy inferior a los más de tres millones que alcanzó durante la década de 1990.
Compañías como Chevron, Eni y GE Vernova anunciaron acuerdos para incrementar la producción, atraer inversiones y modernizar la infraestructura eléctrica venezolana. Chevron contempla invertir más de siete mil millones de dólares durante cinco años y elevar la producción de sus proyectos conjuntos hasta superar los 600 mil barriles diarios para 2031.
La administración estadounidense también modificó disposiciones de la Oficina de Control de Activos Extranjeros para facilitar determinadas operaciones de compañías estadounidenses con productores estatales venezolanos de carbón.
La estrategia cobra mayor importancia ante la inestabilidad en Medio Oriente y los riesgos para el transporte de crudo por el estrecho de Ormuz, una de las rutas energéticas más importantes del mundo.
Sin embargo, aumentar la producción venezolana requerirá importantes inversiones, equipos especializados y la recuperación de instalaciones que sufrieron años de deterioro. Estados Unidos considera que este proceso podría abrir oportunidades para sus empresas y fortalecer el suministro energético regional.
