Washington, DC – 15 de octubre de 2025. Estados Unidos alcanzó este martes un nuevo hito sombrío en su historial de pena de muerte, con la ejecución simultánea de dos reclusos en Florida y Misuri mediante inyección letal. Estas muertes elevan la cifra anual a 37, la más alta en más de una década, reflejando un repunte impulsado por una minoría de estados sureños que mantienen vigente esta controvertida sanción.
Samuel Smithers, de 72 años, fue ejecutado a las 18:15 hora local en una prisión estatal de Florida por el doble asesinato de Christy Cowan y Denise Roach, perpetrado en 1996 en Tampa. Condenado en 1999, Smithers había contratado a las víctimas para encuentros sexuales; las golpeó y estranguló, dejando sus cuerpos en un estanque. Su ejecución marca la decimocuarta en Florida este año, un récord estatal que supera cualquier cifra previa y que se enmarca en una reciente ley aprobada por el estado, la cual permite “cualquier método no considerado inconstitucional” para la pena capital, avivando debates sobre su legalidad y humanidad.
Horas antes, en Misuri, Lance Shockley, de 48 años, recibió la inyección letal a las 18:13 hora local por el asesinato del sargento de policía Carl Graham en 2005. Graham fue abatido en una emboscada en su hogar mientras investigaba un accidente de tránsito involucrando a Shockley. A pesar de proclamar su inocencia, las apelaciones de Shockley fueron rechazadas por múltiples tribunales, incluida la Corte Suprema, y el gobernador Mike Kehoe denegó su clemencia el lunes.
Ejecuciones pendientes y panorama nacional
El ritmo no da tregua: dos ejecuciones más están programadas para esta semana. Charles Crawford, de 59 años, enfrentará la inyección letal en Misisipi este miércoles por la violación y asesinato de la estudiante universitaria Kristy Ray en 1994. El viernes, en Arizona, Richard Djerf, de 55 años, será ejecutado por los brutales homicidios de cuatro miembros de una familia en Phoenix en 1993.
Con estas 37 ejecuciones hasta octubre, 2025 supera los 25 casos de todo 2024 y las 39 de 2013, el año más letal en una década. Florida lidera con 14, seguida de Texas (5), Carolina del Sur (4) y Alabama (4). De las totales, 31 se realizaron por inyección letal —el método predominante—, dos por fusilamiento y cuatro por hipoxia de nitrógeno, una técnica alternativa que ha generado críticas por posibles fallos que prolonguen el sufrimiento.
Este aumento se concentra en un puñado de estados conservadores, mientras que 23 de los 50 han abolido la pena de muerte por completo. Otros tres —California, Oregón y Pensilvania— mantienen moratorias judiciales o ejecutivas. Defensores de los derechos humanos cuestionan la equidad del sistema, argumentando que el repunte refleja no solo políticas locales más duras, sino también desafíos éticos en métodos que, pese a su supuesta “humanidad”, han sido vinculados a errores fatales y agonía innecesaria.
El contexto nacional subraya una división profunda: mientras algunos gobernadores impulsan la aplicación rápida de sentencias capitales para “disuadir el crimen”, organizaciones como Amnistía Internacional alertan sobre el riesgo de ejecuciones de inocentes y la erosión de valores constitucionales. Con dos meses por delante, 2025 podría cerrar con cifras aún más elevadas, intensificando el debate sobre el futuro de la pena de muerte en la nación más poderosa del mundo.
Imágen cortesía: Getty Images
