La celebración de la Semana Santa en Jerusalén se ha visto profundamente alterada este año debido al conflicto armado entre Estados Unidos, Israel y Irán, dejando una de las temporadas religiosas más importantes prácticamente desierta.
A diferencia de años anteriores, los principales puntos de peregrinación, como el Santo Sepulcro, lucen sin visitantes, mientras las tradicionales procesiones han sido suspendidas y los espacios sagrados permanecen cerrados.
La caída del turismo ha golpeado severamente a los centros de hospedaje. Representantes del sector señalan que las expectativas eran altas para esta temporada; sin embargo, las cancelaciones fueron totales ante el deterioro de la seguridad en la región.
El ambiente en la Ciudad Vieja es inusual: calles vacías, comercios cerrados y una presencia mínima de habitantes, quienes únicamente salen para actividades esenciales. A esto se suma un clima de tensión constante, marcado por el sonido frecuente de sirenas y reportes de impactos de misiles en la zona.
La situación ha transformado por completo una de las celebraciones más emblemáticas del calendario religioso, evidenciando el impacto directo del conflicto en la vida cotidiana y en la actividad turística de la región.
