Un juez estadounidense desestimó la acusación formal contra el migrante salvadoreño Kilmar Abrego, al considerar que el Gobierno federal lo habría procesado como represalia por impugnar su deportación.
Abrego, quien ingresó de manera irregular a Estados Unidos, se convirtió en uno de los casos más visibles dentro de la política de deportaciones impulsada por Donald Trump, luego de haber sido enviado en marzo a una prisión de máxima seguridad en El Salvador.
Su deportación ocurrió pese a que existía una orden judicial que impedía devolverlo a ese país, debido al riesgo de persecución que enfrentaba. El caso generó controversia y escaló hasta la Corte Suprema, que ordenó al Gobierno estadounidense facilitar su regreso.
Tras su retorno a Estados Unidos en junio, las autoridades federales presentaron una acusación penal en su contra por presunto tráfico de personas. Sin embargo, Abrego se declaró no culpable y sostuvo que el proceso judicial era una respuesta del Gobierno por haber demandado para regresar al país.
Al revisar el caso, el juez concluyó que la acusación no habría avanzado de no ser por la acción legal emprendida por Abrego contra su deportación, por lo que determinó desestimar los cargos.
La decisión representa un nuevo revés judicial para la política migratoria de Trump y mantiene bajo escrutinio el manejo de deportaciones en casos donde existen órdenes de protección o riesgos acreditados para los migrantes.
