El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, aseguró que su gobierno no está satisfecho con el rumbo de las negociaciones con Irán sobre su programa nuclear y advirtió que aún no ha tomado una decisión definitiva respecto a un eventual ataque contra la nación persa.
Desde la Casa Blanca, el mandatario subrayó que Teherán “no puede tener armas nucleares” y dejó abierta la posibilidad de nuevas medidas, aunque aclaró que no existe una determinación final ni sobre acciones militares ni sobre un posible cambio de régimen en ese país.
Las declaraciones se producen en un momento clave de las conversaciones diplomáticas. Está previsto que el canciller de Omán, Sayyid Badr Albusaidi, se reúna en Washington con el vicepresidente JD Vance y otros funcionarios estadounidenses para abordar el estado del diálogo, en el que el sultanato ha fungido como mediador.
Un día antes, delegaciones de ambos países sostuvieron en Ginebra una tercera ronda de negociaciones. Mientras Teherán habló de “buenos avances”, Washington ha mantenido una postura más reservada. Las partes acordaron reencontrarse el lunes en Viena, sede del Organismo Internacional de Energía Atómica.
Estados Unidos exige a Irán el cese total del enriquecimiento de uranio y límites a su programa de misiles, condiciones que el gobierno iraní rechaza si no van acompañadas del levantamiento de sanciones económicas.
En paralelo al frente diplomático, el portaviones USS Gerald R. Ford se dirige a la costa norte de Israel con su grupo de combate, sumándose al amplio despliegue militar estadounidense en Oriente Medio. Además, el embajador estadounidense en Israel, Mike Huckabee, instó al personal diplomático a abandonar el país de inmediato si así lo consideran, ante el riesgo de una escalada.
Trump recordó que operaciones previas ordenadas por su administración, como la que resultó en la muerte del general iraní Qasem Soleimani en 2020, se ejecutaron con éxito, y afirmó que cualquier decisión futura buscará mantener ese mismo nivel de efectividad.
La tensión crece mientras la diplomacia y la presión militar avanzan en paralelo, en un escenario que mantiene en vilo a la región y a la comunidad internacional.
