La decisión del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, de reducir los ejercicios militares conjuntos con Corea del Sur podría dificultar que Seúl asuma una mayor responsabilidad en su propia defensa, uno de los objetivos que Washington ha impulsado durante los últimos años.
Las maniobras anuales conocidas como Escudo de la Libertad Ulchi, en las que participan decenas de miles de militares de ambos países, fueron reducidas a la mitad a petición del gobierno estadounidense. Trump argumentó que estos ejercicios representan un gasto considerable para Estados Unidos y provocan una reacción negativa de Corea del Norte.
El mandatario estadounidense también calificó las prácticas militares como una señal hostil hacia Pyongyang. Sus declaraciones fueron interpretadas como un posible intento de mejorar la relación con el líder norcoreano, Kim Jong Un, con quien ha expresado su interés de reunirse nuevamente.
Sin embargo, Estados Unidos y Corea del Sur han sostenido durante años que los ejercicios tienen una finalidad defensiva. De acuerdo con ambos gobiernos, las maniobras permiten preparar a sus fuerzas ante una posible amenaza y no buscan iniciar una ofensiva contra el territorio norcoreano.
Una parte importante del entrenamiento está relacionada con el proceso para que Corea del Sur pueda asumir el control operativo de las fuerzas combinadas en caso de una guerra. Actualmente, el mando de esas operaciones permanece bajo la dirección de un general estadounidense, una estructura establecida durante el conflicto que comenzó en la península coreana en 1950.
Corea del Sur entregó entonces el control de sus tropas a Washington debido a que las fuerzas estadounidenses contaban con mayor experiencia y equipamiento. Posteriormente, la responsabilidad pasó al Comando de las Naciones Unidas y, desde 1978, se encuentra bajo el Comando de Fuerzas Combinadas.
El objetivo de ambos países es que Seúl demuestre que cuenta con la capacidad necesaria para dirigir las operaciones militares durante un conflicto. Una vez completado ese proceso, Estados Unidos podría limitar su participación directa y permitir que Corea del Sur absorba una mayor parte de la responsabilidad y de los costos relacionados con su seguridad.
Especialistas advierten que disminuir los ejercicios podría retrasar esa transición, ya que las maniobras permiten evaluar la coordinación, la preparación y la capacidad de respuesta de las fuerzas surcoreanas. También consideran que una reducción prolongada podría afectar la cooperación entre los dos aliados y debilitar su estrategia de prevención frente a posibles conflictos en Asia.
Leif-Eric Easley, profesor de la Universidad Ewha en Seúl, señaló que el ahorro económico obtenido con la disminución de los entrenamientos sería limitado, mientras que los posibles beneficios diplomáticos con Corea del Norte continúan siendo inciertos.
Tampoco se conoce con claridad qué buscaría Trump en un nuevo encuentro con Kim Jong Un. Durante su primer mandato, ambos líderes sostuvieron reuniones históricas, pero las conversaciones no consiguieron un acuerdo para detener el programa nuclear de Corea del Norte.
Desde entonces, Pyongyang ha fortalecido su capacidad militar y estrechado sus relaciones con Rusia y China. Este escenario aumenta las dudas sobre si reducir los ejercicios conjuntos será suficiente para facilitar un nuevo diálogo o si, por el contrario, terminará debilitando la preparación militar de Washington y Seúl.
Para los analistas, la medida podría generar un efecto contrario al objetivo de Trump: en lugar de acelerar la autonomía defensiva de Corea del Sur, podría retrasar el momento en que ese país esté preparado para dirigir sus propias fuerzas durante una emergencia.
