En una polémica misiva enviada al primer ministro de Noruega, Jonas Gahr Støre, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, vinculó su frustración por no haber sido galardonado con el Premio Nobel de la Paz de 2025 con un renovado enfoque en los intereses estratégicos de Washington, especialmente en torno a Groenlandia, un vasto territorio autónomo bajo soberanía danesa.
La carta, cuyo contenido fue difundido por el corresponsal de PBS News, Nick Schifrin, contiene una frase que ha provocado estupor en la comunidad internacional: “Ya no siento la obligación de pensar únicamente en la paz”, en referencia al hecho de que Noruega no intercedió para que el Comité Nobel le concediera el prestigioso galardón, a pesar de que Trump asegura haber “detenido ocho guerras”.
Trump no se limitó a lamentar el rechazo al Nobel, sino que lo ligó directamente a su visión geopolítica: reiteró que el mundo no estará seguro a menos que Estados Unidos tenga “control total y completo” sobre Groenlandia, cuestionando además la capacidad de Dinamarca para proteger ese territorio del supuesto avance de Rusia o China.
La misiva fue enviada por el personal del Consejo de Seguridad Nacional estadounidense a embajadores europeos, lo que amplificó su difusión y reforzó la percepción de que podría formar parte de una estrategia de presión política y económica contra aliados tradicionales de Estados Unidos.
Desde Oslo, Støre confirmó haber recibido el mensaje, pero subrayó que la decisión del Premio Nobel corresponde a un comité independiente —y no al gobierno noruego—, y reafirmó el apoyo de su país a la soberanía danesa sobre Groenlandia y a un enfoque responsable de la seguridad en el Ártico.
La disputa ha encendido la alarma en Europa y entre aliados de la OTAN, al tiempo que se suma a una serie de tensiones transatlánticas que ahora abarcan desde discusiones comerciales hasta debates sobre la seguridad estratégica en el Ártico.
La carta de Trump, más allá de su lenguaje provocador, abre un nuevo capítulo en las relaciones entre Washington y sus aliados europeos, poniendo en primer plano la fragilidad de los equilibrios diplomáticos cuando se mezclan reconocimientos simbólicos como el Nobel con intereses geopolíticos de gran calado.
